07 junio 2010

Basquet

El árbitro que no se
aguanta los insultos
de los espectadores

(Por Alejandro González) Alejandro Girella tiene 25 años y es árbitro de la Asociación Rosarina de Básquet desde hace más de dos años. Comenzó a practicar el deporte cuando tenía 10 años en el club Atlantic Sportmen ubicado en el barrio Echesortu, a pocas cuadras de su actual vivienda. Con el correr del tiempo y pasada su adolescencia decidió dedicarse al arbitraje y por su carácter y personalidad se transformó en un personaje que vale la pena apreciar en su labor.

- ¿Cuándo y por qué empezaste a ser árbitro?
- Empecé hace dos años, en el 2007, y principalmente fue porque quería seguir ligado al ámbito del básquet. Ya no tenía tiempo para entrenar y se me complicaba para asistir a las prácticas, entonces comencé a estudiar para ser árbitro.
- ¿Fuiste jugador?
- Sí, fui jugador durante cuatro años. Jugaba en Atlantic, de pivot. Era un jugador regular.
- ¿Ahí te diste cuenta que jugar no era lo tuyo?
- Sí, no sé si no era lo mío porque no era “brillante”, por así decirlo, así que decidí hacer algo que me gustaba mucho y que además decían que era bueno, como el arbitraje. Antes de empezar la carrera tuve la oportunidad de dirigir algunos partidos amistosos y entonces ahí dije: “Voy a ser árbitro, ya que piensan que dirijo bien”.
- ¿Eso fue lo que te motivó a ser árbitro?
- Eso y el hecho de que no servía para jugar al básquet. Entonces pensé que como no era bueno para el deporte tenía que ser árbitro. Los árbitros somos jugadores frustrados.
- ¿Cómo te calificas en tu desempeño?
- Regular, nada de otro mundo. Según el partido veo si dejo pasar faltas o no.
- ¿Qué es lo que más te gusta de esta profesión?
- La calidez de la gente (risas)
- Tengo entendido que la gente no te trata muy bien.
- Nunca te tratan bien, los padres sobre todo, y los técnicos, se meten en mis decisiones. Igualmente todo depende del momento, si la gente me empieza a insultar, se frena el partido, me dirijo a la mesa de control y le pido al delegado que calme a los hinchas y si no se calman cierro planilla y me voy para mi casa. De todas maneras eso no soluciona nada porque el problema es social y abarca muchas cosas, algunos piensan que van a tener un hijo que los va a salvar y que van a tener toda la guita como Ginóbili o Jordan.
- ¿Recordás alguna mala experiencia con la gente dentro de una cancha?
- Me acuerdo del partido que jugaron Echesortu contra Fisherton, era un partido tranquilo de la Pre Mini. Al principio estaba tranquilo pero cuando arrancó la Mini los padres se empezaron a poner pesados, no sólo reprochaban mi actuación sino que los hinchas de Echesortu insultaban demasiado a los jugadores de Fisherton. A tal punto que uno de los chicos se puso a llorar.
- ¿Cómo actuaste en ese momento?
- Frené el partido, esperé que se tranquilice todo y lo continué. Sin embargo, esa no fue la solución, cuando el partido se reanudó me insultaron a mí y yo devolví los insultos.
- Es algo que como árbitro no deberías haber hecho.
- No, seguro que no. Es algo de lo que no me siento muy orgulloso que digamos porque hay que tratar de mantener una imagen pero soy humano y no me las banco a todas. Finalmente el partido se suspendió en el último cuarto y la gente me rodeó y me tuve que ir en un patrullero. Es un momento muy feo porque te dicen que te van a pegar y a matar. Igualmente, yo alguna iba a dar.
- Sos un árbitro muy raro.
- Bastante raro, pero hago las cosas como tienen que ser, yo cobro lo que veo y todo lo demás queda a criterio de la gente.

 Sin ninguna duda que el rosarino Alejandro Girella tiene su propio estilo a la hora de dirigir un partido de básquet. Sus reacciones dentro de una cancha lo hicieron muy diferente a sus demás colegas. Quizás, también, sus actitudes lo condenan. Sin embargo, quedó más que claro que se trata de una persona de carne y hueso, que decidió dedicarse a esa profesión y que va a seguir dejando tela para cortar en cada una de sus presentaciones.