Adrenalina, orgullo y
humildad deportiva
El rugby cuenta con valores que la sociedad perdió hace tiempo.
El respeto es innegociable en en el mundo de la ovalada.
(Por Magalí Innecco) El rugby posee características que lo distingue de los demás deportes. Esta disciplina se empeña en dejar bien en claro que nada es imposible y enseña que el esfuerzo es el único medio para trascender. La educación que se les debe dar a los chicos de 15 años en adelante debe ser fundamental para enfrentar un partido de 80 minutos dentro de una cancha.
Esta actividad muchas veces fue criticada por la violencia que conlleva en su desarrollo. Muchos accidentes o golpes pueden ser consecuencia de la práctica y con facilidad el miedo de los padres de los jugadores se agranda con el correr de los minutos en el campo. Al igual que en cualquier otro deporte, éste debe desempeñarse con responsabilidad y de la misma manera puede aplicarse su enseñanza en la vida personal, ya que no todo gira alrededor de los golpes.
Los clubes rosarinos desarrollan sus actividades y enfocan el entrenamiento de los juveniles en el aprendizaje de cada uno. El respeto es innegociable dentro y fuera del campo de juego, ya sea con compañeros, rivales, técnicos y árbitros. Es muy importante pensar antes de actuar y siempre manejarse con humildad, para aprender y luego saber enseñar. Ante todo es saber dejar de lado la violencia y comprender que los que están del lado de enfrente siempre son amigos.
En esta época la gente no le da la importancia necesaria a los valores. Los profesionales, entrenadores y técnicos de este deporte, intentan integrar los mismos a su vida cotidiana. El rugby es amistad, compañerismo, generosidad, es sobre todas las cosas el espíritu del sacrificio, saber que nada se obtiene con facilidad y que para logra cumplir las metas impuestas por uno mismo hay que saber esforzarse.
El rugby evoluciona permanentemente debido a que es un juego dinámico y es justo estar atentos para que no se arrastren los principios básicos que dañan el espíritu del deporte. Si bien el aspecto técnico es importante dentro de la cancha, no es ni el primero y el único. El respeto la educación y el control de uno mismo forman parte de las reglar básicas para disfrutar de este deporte de contacto como se debe.
Los chicos, entrando en la edad de competición desde la M15, como buenos amantes del rugby, deben ser partidarios del juego limpio y dejar de lado lo desleal. Los entrenadores deben enseñar el arte de este deporte y dejar en claro que, dentro de las reglas, es un juego con el fin de divertirse. Fundamentalmente una escuela y una manera de vivir. Luciano García, ex entrenador de las inferiores de rugby, habló sobre sus experiencias y aclaró: “Mi objetivo fue formar a esos chicos que nunca en la vida habían tocado una pelota”. Y agregó que “lo importante es poder darles el conocimiento necesario, enseñarles las reglas, como tacklear, como evitar los golpes”. “Generalmente esto se da poco en divisiones inferiores – insistió- y una vez que se golpean no quieren saber nada más con las prácticas”. Luego, García destacó: “Lo primordial es el respeto, la educación de los chicos es la base para empezar a desempeñarse dentro de la cancha. El compañerismo y la amistad son los mejores valores que te deja este deporte, y te sirve dentro y fuera de la cancha”. Para cerrar admitió que “jugar al rugby es enseñar con el ejemplo”.
Por otro lado, Lisandro Rosido, jugador de la M16 del club Los Caranchos, declaró: “Lo más apasionante del rugby es estar con tus amigos luchando por un mismo objetivo durante 80 minutos”, y sumó que la enseñanza que le deja la actividad es que “nada está perdido y con sacrificio todo se logra. Aislarse no sirve de nada”.
En todo aspecto de la vida hay un límite. En el deporte también se marca uno y en este caso se encuentra entre el juego fuerte y el sucio, entre el respeto y la mala educación. Estas rayas no deben cruzarse jamás. Los que saben sobre el tema dejan en claro que es necesario entender desde la temprana edad que jugar al rugby es soñar todo el tiempo, caminar con la frente alta y asumir un compromiso de por vida. Adaptarse a la disciplina, saber escuchar a los que saben, cuidar un club más allá de todas las cosas y ganar a veces sin obtener buenos resultados. Ante todo, los que saben insisten en que no hay deporte si no hay diversión de por medio y el rugby es un deporte con todas las letras.