28 junio 2010

Deportes extremos

El avión es su trabajo,
la bicicleta su pasión y
el paracaídas su locura


(Por Matías Impellizzeri) Los deportistas reconocidos suelen destacarse en un solo deporte. El caso de Diego Andrés Zazzarini es diferente: este atleta rosarino de jóvenes 32 años, sigue ampliando sus horizontes en diferentes deportes extremos. Además de su profesión, de muchos años, como piloto de avión de una empresa privada, “Zaza”, como le dicen sus amigos, se destaca desde muy joven en el descenso con bicicletas por montañas, laderas, etc. Pero como no puede quedarse quieto hace poco más de un año que empezó con el paracaidismo y ya se recibió de profesor. Este personaje de la ciudad cuenta un poco de su historia y de cómo hacer estos deportes tan particulares y extremos.

- ¿Por qué te llamó más la atención practicar deportes extremos que alguno de los deportes más populares?
- Por patadura (risas). No, la verdad es que el fútbol me encanta, soy hincha de Central y juego con amigos cada tanto. Pero ya desde chico me gustó hacer cosas diferentes y lo primero que agarré fue la bici. Empezó siendo cosa de barrio, salir con amigos con la bici a dar unas vueltas y poco a poco, golpe a golpe, me fui convirtiendo en un “Rider” (NdR: denominación de los que practican descenso u otras actividades con bicicletas).
- ¿Cuáles son las principales características del Descenso?
- Lo principal es que tenés que estar bastante loco (risas) y tiene que gustarte mucho. Es un deporte muy rápido y bastante peligroso si no practicás lo suficiente. El objetivo es descender lo más rápido posible por una montaña, ladera, etc. Esquivando todos los obstáculos que la naturaleza te pone adelante, como pueden ser ramas, troncos, rocas y algún que otro animal (risas).
- ¿Se necesita mucha preparación para realizarlo?
- Sí, muchísima. Es fundamental estar bien preparado y no tener miedo. Necesitás mucho equilibrio, buen manejo y principalmente controlar tu cuerpo adecuadamente para cada momento. Como cuando realizás un salto, en la caída tenés que tirarte para adelante para no salir volando. Pero igual por más cuidado que tengas y por más consejos que te den, no hay un “Rider” que no se haya roto la clavícula, alguna costilla, la muñeca, etc.
- ¿Cómo te fue en las competiciones?
- Por suerte me fue muy bien. Desde chico que compito y gané mucho torneos por todo el país y por algunos países de Sudamérica. Uno de los últimos fue en el 2008 en Córdoba y salí segundo en la categoría máster. Ahora lo dejé un poco de lado porque me estoy dedicando más al paracaidismo y la familia, ya que me casé hace unos años. Pero ya voy a volver.

- ¿Cómo surgió la idea de hacer paracaidismo?
- Como ya te habrás dado cuenta no me puedo quedar quieto. Hace más de un año los chicos de Skydive empezaron en un hangar acá en Rosario y me llamó la atención. Así que empecé, aprendí y me encantó. Tanto que al poco tiempo hice el curso y me recibí de profesor. Así que, por suerte, ahora ya tengo mis alumnos preparándose para tirarse por primera vez.
- ¿Cuál es la sensación al tirarse desde tanta altura?
- Es increíble, la adrenalina que sentís en ese momento es inexplicable. No se puede contar, lo tenés que vivir. Para los principales están los denominados “saltos tándem” que son los que saltás enganchado a un instructor profesional.
- ¿En qué consisten esos saltos y qué restricciones tienen?
- La persona salta con un instructor calificado y profesional. Después de una pequeña charla en la que se le explica algunas cosas, te subís al avión y cuando llegamos a los tres mil metros de altura nos tiramos. Llegás a tomar una velocidad de 200 kilómetros por hora en el primer minuto. Después cuando se abre el paracaídas tenés 8/9 minutos para disfrutar el paisaje (risas). Restricciones no hay muchas, una persona con buen estado de salud, entre 40 y 90 kilos puede hacerlo sin problemas.
Nunca se sabe qué deparará el futuro, pero Diego Zazzarini siempre va a hacer lo que le gusta. Con la bici y el paracaídas es un claro ejemplo que cualquiera, con esfuerzo y dedicación, puede cumplir sus sueños.