07 junio 2010

Otros deportes

“Todo deportista sueña
con ir a una Olimpíada”
Agustín Fiorilli, brazada a brazada, superó los obstáculos y
logró cumplir su máximo anhelo, el de representar a su país

(Por Romina Colazo) El “Rana” como lo conocen en Arroyo Seco, la ciudad que lo vio crecer deportivamente, empezó a nadar desde pequeño. Se describió como un chico tímido pero en pocos minutos desplegó su simpatía. Con 17 años, Agustín Fiorilli, cumplió un sueño: representó a la Argentina en los Juegos Olímpicos de Atlanta 1996. Cuatro años más tarde se tomó revancha y consiguió brillar en Sidney, donde logró el récord argentino.

En diciembre de 2008 se alejó de las piletas. Así fue como dejó atrás al chico competitivo dando paso al joven maduro que es consciente de que sus brazadas lo llevaron a ser parte de la historia del deporte argentino.

-¿Cuándo empezó a nadar?
-Empecé a los cinco años, en el club Talleres de Arroyo Seco, por tradición familiar mis hermanos mayores ya practicaban el deporte. Un día me llevaron y me enganché, si no fuera por ellos no habría empezado con todo esto.

-¿Cuándo empezó a competir?
-Todo fue paso a paso, a los ocho años empecé con los torneos zonales, después pase a la categoría federados y competía por todo el país. Luego vinieron los torneos internacionales, panamericanos y sudamericanos.

-¿En que momento decidió que se iba a dedicar exclusivamente a la natación?
-En el año 1996 pude comenzar a vivir de la natación. Pero a los 14 o 15 años cuando empecé a competir a nivel nacional, decidí hacer de esto mi vida.
-¿Se puede vivir de la natación?
-No es el deporte más redituable, nadando no vas a hacer millones, hablando de Argentina, es un deporte amateur. Yo hasta el 2008 que me retiré viví bien, gracias a la natación.

-¿Cómo se enteró que formaba parte de la delegación de los Juegos Olímpicos de Atlanta 1996?
-Por un programa de televisión. Estaba el presidente de la federación de natación y el periodista le preguntó si ya estaban los nombres de los nadadores que iban a ir a los Juegos y nombró uno por uno a los integrantes de la delegación y el último fui yo. Salí de mi casa como estaba y me fui a avisarle a mi entrenador. No me olvido más de esa tarde.

-¿Cómo fue esa primera experiencia?
-No esperaba ir a una olimpíada a los 17 años, no estaba preparado, me agarró de sorpresa. Mi entrenador había programado para el 2000 la chance de aspirar a las olimpíadas. Fue un sueño hecho realidad, todo deportista sueña con ir y yo siempre quise ser olímpico.

-Dijo que para el 96 no estaba preparado, ¿cómo llegó a Sidney 2000?
-En el mundial de Hong Kong, en 1999, clasifiqué para los Panamericanos del 2000 que se hicieron en marzo y ahí conseguí hacer el tiempo en los 400 metros para poder ir a los Juegos de Sidney. Tuve un ciclo olímpico para prepararme. Me fue muy bien, hice el récord argentino en los 400 metros libres.

-¿Cómo lo recibió la ciudad?
-En el 96, no lo podía creer, me daba vergüenza, toda la gente en las calles y yo en el camión de los bomberos, internamente fue algo lindo pero no lo disfruté como la llegada de Sidney, ya tenía más experiencia y lo pude apreciar más.

-En cuanto a su vivencia, ¿se sintió mejor en algún otra competencia por sobre los juegos olímpicos?
-En el mundial de Suecia 1997, en los 1500 metros, desplegué todo mi potencial, pero también rescato el mundial de 1999 que se hizo en Hong Kong y terminé en el puesto 14º. Fue la competencia internacional previa a los Juegos de Sidney.

-A nivel deportivo, ¿le quedó alguna cosa por hacer?
-Todo lo que me propuse lo alcancé, todo fue paso a paso. Primero lo nacional, después vino el roce internacional y el punto cúlmine fueron las dos participaciones olímpicas. Lo que quise lo hice.

-¿Qué cosas relegó por la natación?
-Me salté muchas etapas, salidas con amigos, el viaje a Bariloche. Pero más allá de esas cosas no me arrepiento porque a nivel deportivo logré todo lo que me propuse, no cambio nada.

-¿Por qué dejó de nadar?
-Me cansé, llegó un momento en que no quería nadar más, me aburría hacerlo, ya no era placentero sino rutinario.

-¿Cómo es la vida después del retiro?
-Fueron momentos difíciles, me sentía vacío totalmente, pasaba las 24 horas del día adentro de una pileta y de repente me encontré sin nada. Durante mucho tiempo no pude mirar natación porque me hacía mal, no miré los Juegos de Beijing (2008), sufrí mucho después de quedar afuera por dos centésimas.

-¿Cómo superó ese momento?
-Me costó volver a empezar y decidí pedir ayuda y entendí que todo tiene un fin. Hace unos meses termine el secundario, que había abandonado por la natación y ahora estoy estudiando para ser entrenador de natación.

-¿Va a volver al mundo de las piletas como entrenador?
-Me gustaría entrenar a alguien que tenga ganas de superarse, la mayoría de los chicos deja la natación al ver que no reciben apoyo de nadie, el poco interés del Estado alienta a los jóvenes a abandonar por más que sean destacados.

-¿Trabajar para el equipo nacional está dentro de sus aspiraciones?
-Es el sueño de todo entrenador, me gustaría mucho poder volcar todos mis conocimientos y experiencias a los nadadores en proceso de formación.
 Un deportista destacado, Agustín Fiorilli, quien entró por casualidad al mundo de la natación y nunca imaginó que iba a llegar tan lejos. Su ciudad fue el punto de partida para gestar todos sus sueños, la mayoría ya los conquistó, otros aún están en el cubo de partida esperando la voz de largada para convertirse en realidad.