30 agosto 2010

Deportistas con capacidades especiales

Mediante el deporte se
superaron a sí mismos y
dan un ejemplo de vida


(Por Magalí Pérez Maza) Desde hace mucho tiempo, gran parte de la sociedad lucha contra la discriminación ante personas que sufren discapacidades físicas. Día a día pelean sanamente contra la exclusión y en busca de la inclusión. Para que la palabra ‘discapacidad’ desaparezca y sean todos pares con las mismas oportunidades y posibilidades.

 El deporte pasa a ser un arma fundamental en estas ocasiones y Maximiliano Gómez, un menor de sólo 12 años, es uno de los claros ejemplos. “Lamentablemente nació sin la arteria del habla, por ese motivo no puede expresarse hablando y tampoco gesticular con su cara”, contó su madre Roxana, que agregó que “también se le dificulta mover las extremidades izquierdas”. Sin embargo, eso no fue un impedimento para el joven, que en la edición 2009 de los Juegos Evita, que tuvieron lugar en Mar del Plata, logró cuatro medallas de oro. En su caso el deporte le dio un motivo para superarse día a día. El joven compite en natación y en atletismo y es su madre la que habla por él. “Mi hijo fue un chico muy discriminado por la sociedad”, cuenta Roxana.
 Los padres y los familiares cercanos a los jóvenes que sufren la discriminación, aseguran que no es lo mismo la inclusión que la integración. Y remarcan la diferencia asegurando que cada vez que ellos toman un colectivo, están siendo integrados. Pero que la inclusión se daría en el caso en el que todos los medios de transportes tuvieran accesibilidad y que ellos no necesitasen de un esfuerzo para lograr abordarlos.
 En su caso, Maximiliano, atravesó muchas etapas antes de lograr consagrarse deportivamente. Su mamá explicó que antes de obtener las dos medallas de oro en natación y las otras dos en atletismo tuvo que esforzarse mucho. Primero tuvo que ganar la competencia local que se celebró en Rosario. De allí pasó a la departamental, luego al campeonato provincial, logrando el primer puesto en ambos casos. Y esas instancias fueron las que lo depositaron en los Juegos Evita que se disputan a nivel nacional.
 “Todos los viajes, traslados y las estadías las costeó el gobierno”, aclaró Roxana. Y la mamá del joven atleta no quiso dejar de mencionar el infinito apoyo que recibió su hijo tanto por la familia como por los compañeros y profesores.
 Otro caso interesante para resaltar, es el de Gustavo Vallejos de 32 años. Él trabaja en el diario La Capital, como asesor comercial, pero en su tiempo libre se dedica a correr maratones. Gustavo también está dentro del mundo donde las diferentes capacidades físicas se ven superadas a través del deporte. Hace tres años sufrió un accidente de tránsito que le ocasionó un fuerte golpe cerebral y posteriormente una amnesia progresiva. “Después del accidente engordé 10 o 12 kilos y pensé que jamás iba a volver a estar bien”, contó. Ese cambio brusco físico lo llevó a una depresión y decidió comenzar un entrenamiento que lo ayude a salir adelante. Y explicó: “Empecé a trotar de a poco, me enteré que el cerebro tiene memoria deportiva y fui respondiendo bien con el tiempo”.
 En su caso, contó que siempre le gustaron los deportes. Y durante mucho tiempo practicó fútbol y rugby. Pero al despertarse luego del accidente no recordaba ni cómo se corría, ni siquiera cómo se caminaba. “Fue algo muy duro, no se lo deseo a nadie”, dijo Gustavo. A pesar de haber practicado deporte muchos años, asegura que el atletismo le brindó algo que ningún otro deporte le había dado. “Puedo correr hasta ocho horas sin parar”, contó orgulloso de sí mismo.
 Hoy en día estos dos deportistas encontraron su felicidad mediante el deporte. Y son dos de los mucho que lograron la plenitud gracias a la actividad física. Es el ambiente deportivo que los pone en un sitio donde la discriminación no existe y tienen la posibilidad de hacer lo que les gusta. La misma sociedad está atravesando un cambio brusco con respecto a esto. Las miradas hacia las personas que a simple vista no son iguales, comienzan a cambiar. Hoy se ve la aceptación y la colaboración para esto realmente desaparezca.
 Y tanto Maximiliano, como Gonzalo, son dos clarísimos ejemplos de vida. Y ellos mandan explícitamente el mensaje de que realmente cuando se quiere se puede y que no todos los problemas son para siempre.