23 agosto 2010

Fútbol y sociedad

“Los chicos no corren
peligro en el club”
La importancia que las madres le dan a las escuelas de fútbol
para que sus hijos estén seguros dentro de una institución


(Por Magalí Innecco) Una de las más tristes realidades que afectan a la sociedad de Argentina es la situación de los chicos que viven o se crían en la calle. Mucho se habla de su subsistencia en el entorno que les toca atravesar y los peligros que corren los niños en la intemperie con inseguridad, drogas y violencia de por medio. Afortunadamente, en el país comenzaron a incrementarse las entidades deportivas para resguardar a aquellas personitas que pasan la mayor parte de su tiempo fuera de sus casas. Las posibilidades de cambiar su destino aumentan y las escuelas de fútbol en los barrios ayudan en gran medida a alejarlos de la calle y a aprovechar su tiempo en actividades deportivas.

La problemática de la sociedad es crítica y va en aumento. Los chicos son frecuentemente víctimas del maltrato y el abuso físico y emocional. Contra esta terrible realidad se enfrentan las escuelas de fútbol y las personas más interesadas en el tema brindan esperanza para un futuro mejor.
Este tema intenta revertirse en todo el territorio argentino. Según un diario digital, en La Rioja el gobierno provincial entregó insumos y ropa deportiva a una delegación de alumnos de la escuela de fútbol Saporitos que será parte de un campeonato nacional. El apoyo estatal es fundamental a la hora de contener a los chicos a partir del deporte.
Familia se denomina al núcleo fundamental de una sociedad. Esa unidad que acompaña a una persona a lo largo de la vida y que es esencial en los primeros años de vida. Esto es lo que intenta imitar en el barrio República el Club Social y Deportivo El Luchador. “No sólo la escuela de fútbol funciona acá para resguardar a los chicos de los peligros que se viven hoy en día en la calle, todos saben que las personas que vienen al Luchador forman parte de una gran familia y lo importante es que los nenes de todo el barrio pasan las tardes en el club, sus familias saben dónde están y tienen claro que no corren peligro alguno”, expresó el presidente de la institución, Eduardo Dezorzi.
Una historia realmente conmovedora es la de un chico de 12 años que pasa sus tardes en el club escapando de la realidad que le toca vivir en su casa. El entorno no es el mejor dentro de su familia y de alguna manera intenta escapar de eso con el fin de encontrarse a diario con sus amigos para cambiar el color de sus días. El fútbol lo hace olvidar por un rato lo que pasa a su alrededor y la diversión que este deporte le genera no tiene precio en su vida.
Mucha influencia tienen los profesores de los equipos de fútbol en los chicos. Gonzalo Battista coordina al conjunto de los más pequeños y contó cómo El Luchador formó parte de su vida. “Pasé mi infancia entera en este club, es muy importante que los chicos tengan un lugar donde estar y nosotros ayudamos en eso”, comentó el entrenador y agregó: “Hacemos lo posible por formarlos y enseñarles el compañerismo que deben tener, no sólo dentro de la cancha, en la vida también”.
Por otra parte las madres de los niños están totalmente confiadas y no dudan un instante en que sus hijos concurran al club para participar de las distintas actividades deportivas que se brindan. “Actualmente la inseguridad rige en este país y saber que nuestros hijos se encuentran seguros dentro del club es muy bueno. Cuando son chicos no los podemos tener quietos mucho tiempo y las actividades deportivas son muy buenas para ellos. Sin dudas esto sirve para que no pasen tiempo en la calle”, declaró Sandra, la mamá de uno de los chicos que juega en la categoría 99.
No caben dudas que el recreo y la actividad física encajan a la perfección en esta sociedad que lo que menos necesita es que los chicos pequeños estén dando vueltas en la calle, corriendo peligro de sufrir accidentes y ser víctimas de la violencia y los robos que a esta altura se convirtieron en moneda corriente. La solución puede comenzar de esa manera, las escuelas brindan lo necesario para apartar a los menores de la vía pública, alejarlos del delito y centrarlos en el estudio y en la diversión que ellos mismos merecen.
No se puede modificar fácilmente lo que pasa en Argentina, pero quizás el tiempo pueda arreglar parte de esta sociedad, que lleva por mal camino a los niños dejándolos solos, sin aconsejarlos ni cuidarlos como verdaderamente debería ser. Admirable es el trabajo de las personas que toman las riendas de este proyecto, el de cuidar el futuro de los chicos, el futuro de todos.