26 septiembre 2011

Migración de biguás

Un compromiso que va
más allá del camino
A pesar de estar a casi 150 kilómetros de distancia mantienen
las ganas de seguir disfrutando con sus amigos tiempos de gloria

(Por Francisco Soler Keller) Luego del gran Mundial consumado por lo Pumas en el año 2007, el rugby en nuestro país ha crecido de una manera impensada, no sólo por la reciente confirmación de que el seleccionado va a disputar el Tres Naciones a partir del año que viene, sino que desde aquel momento muchos chicos se volcaron a esta actividad. A pesar de esto, un club de San Pedro sufre un gran problema: en los últimos años ha peleado incansablemente para poder mantenerse en la tercer categoría de la UAR, pero al inicio de cada año muchos de sus jugadores deciden irse a otra ciudad para iniciar una carrera universitaria.

Esta incesante migración genera un doble problema para el club, ya que no siempre puede contar con estos jugadores para afrontar una fecha del torneo. El otro inconveniente proviene por parte del entrenador, ya que no sabe en qué forma física se encuentran los jugadores puesto que, como es lógico, no entrenan bajo su mirada.
Gonzalo Rosales, uno de los integrantes del equipo que se fue de la ciudad para estudiar aseguró: “Yo no soy muy constante, pero lo que hacemos es juntarnos en el parque Urquiza martes y jueves con los otros chicos que también cursan en Rosario, para realizar la parte física de entrenamiento. Lamentablemente como somos pocos no podemos hacer muchos ejercicios de pelota. Además complementamos lo realizado en el parque con una buena rutina en el gimnasio”.
Por su parte Juan Martín Romagnino, entrenador del conjunto sampedrino, admitió que para los chicos es una doble responsabilidad ya que no sólo deben cumplir con la exigencia que implica el estudio sino que además tienen que hacerse un lugar en el día para entrenar. También agregó que “lamentablemente este es un deporte que tiene mucho contacto por lo que se debe tener una gran forma física”.
Julián Rosales, hermano de Gonzalo y también parte del equipo, manifestó que al llegar a la ciudad habían pesado ir a entrenar a algún club para no perder el timing del juego, pero un ex jugador de los Biguá, que hacía más tiempo que estaba en Rosario, les comentó que era necesario hacerse socio y que si no jugabas para ellos no te daban mucha bolilla, por lo que decidieron entrenarse ellos mismos.
Tal como se puede observar en cualquier enfrentamiento de rugby los jugadores terminan muy golpeados, por lo que es muy importante confiar en los compañeros ya que ellos son quienes defienden al jugador que está en el suelo disputando el balón o en cualquier otra fase de juego. Con respecto a esto los hermanos concordaron en que “la mayoría de nuestros amigos son chicos que hemos conocido con nuestro paso por el rugby, por lo tanto en la cancha somos hermanos, nos tenemos fe, confianza y mucha alegría por tenerlos al lado, eso ayuda mucho a la inclusión de los que estamos entrenando de forma diferenciada”.
El entrenador también opinó sobre el tema de la distancia pero no distó mucho de lo dicho por los hermanos Rosales: “A pesar de que muchos chicos cambien de ciudades para obtener un título universitario hay algo que nunca va a cambiar y es la amistad; este es un grupo de amigos que todos los sábados o domingos se junta a hacer algo que le apasiona, esa unión le genera un plus al equipo”.
Por otra parte una de las tareas más difíciles es la del entrenador, quien sin tener una certeza del nivel físico que tienen los chicos que no estrenan bajo su supervisión debe optar por su inclusión o no, exponiendo al jugador a una posible lesión innecesaria. Al respecto, el técnico confesó: “Es difícil tomar una decisión así, pero yo conozco a los chicos desde que eran muy pequeños por lo que sé si se encuentran bien para jugar. Además todos queremos lo mejor para este club y creo que si alguno, ya sea que esté en San Pedro o no, no está en condiciones de jugar por cualquier motivo me lo diría”. Para citar casos de chicos que no pudiendo entrenar con el grupo se han ganado un lugar como titulares, Romagnino admitió que Julían Rosales y Agustín Pérez (ambos estudiando en Rosario) han demostrado un gran nivel y desde el inicio de la temporada son titulares en la Primera del club.
A pesar de las dificultades que tiene el equipo con los jugadores que se van para conseguir un futuro, los Biguá siguen luchando para seguir escalando en la categoría y así llegar a enfrentar a los mejores del país. Mientras sigan apareciendo nuevos jóvenes que les guste este deporte y los chicos mantengan el compromiso que les permita seguir siendo parte del plantel, se puede soñar con unos Biguá en lo más alto del rugby.